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Por Parametría Investigación Estratégica

El voto ciudadano

Sí, ¿por cuál?, ¿votas? El derecho a votar y ser votado esta consagrado en el artículo 35 de nuestra Constitución como una prerrogativa de los ciudadanos. Sin embargo, en el otro extremo la mencionada prerrogativa encuentra su contrapeso en el artículo 36 de la propia Constitución previendo la obligación de votar de los ciudadanos.

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Columna - Editorial

Editorial

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Sin abundar sobre si el voto constituye o no una obligación, sí podemos apuntar que el artículo 38 de la citada Carta Magna dispone que los derechos y prerrogativas del ciudadano se suspenden por el plazo de un año por falta de cumplimiento de las obligaciones establecidas en el artículo 36, entre ellas, como mencionamos, la de votar en las elecciones, además de que el ejercicio de este derecho, es un indiscutible indicador del grado de civilidad política de una sociedad.

Además de la reflexión que como ciudadanos nos obliga el momento político de nuestro país, de igual manera, el sistema de partidos y el marco de la contienda están comprendidos en el artículo 41 de la Constitución y su actual contenido ha favorecido la simplicidad y vacío de las campañas políticas. En igual sentido, la existencia o no de propuestas claras sobre los planes y programas políticos que presentan los candidatos, se ha convertido en otro factor que nos ayuda a conocer la madurez política de un país.

Como si fuese una campaña electoral más, han surgido los promotores de la abstención o anulación del voto, con el evidente señalamiento de la carencia de propuestas y ofertas políticas, lo cual resulta a todas luces incuestionable. Por ello, la reflexión que a cada ciudadano le corresponde hacer, se encuentra de manera innegable dentro del derecho al sufragio, con la advertencia de considerar el resultado que tal postura podría generar en el desarrollo de una democracia.

Si embargo, anular el voto o dejarlo en blanco no va a generar el resultado de mejoría o civilidad que algunos podrían buscar, ya que la reflexión y ejercicio de esta acción refleja un descontento, pero no así una propuesta. Por lo tanto no es una alternativa que se encuentra construida en las reglas de la contienda, así que su lectura final, no puede ser otra que falta de madurez y civilidad política.

Sin olvidar, que aún desconocemos los rostros, motivos, financiamientos e intereses de una campaña muy bien posicionada, que incluye a ex militantes disidentes, desterrados o derrotados o a ciudadanos que sorprenden porque -de manera mágica- poseen una capacidad de convocatoria increíble, y hasta dudosa, y su hablar refleja en muchos casos un claro adoctrinamiento.

Una vez más el ciudadano se pregunta si ejercer o no su derecho al voto, o por cuál candidato o partido decidirse y, finalmente, si al ejercer su derecho lo hará para que éste aumente el número de votantes, pero no para favorecer el resultado de la elección.

Al parecer, la contienda electoral no se basa en planes y programas políticos reales, se trata de una contienda eslogan. Algunos provenientes de campañas de productos de uso doméstico,  o de la imagen de figuras que han destacado en otras actividades y otros, simplemente, coloquiales o tomados de la vasta oferta de programación de telenovelas, “contigo sí” “gobierno con certeza” “ya es tiempo” “ganas” “siempre cerca de ti”.

Un sin número de frases que se presentan rostros, en su mayoría delineados en Photoshop y la esquizoide dicotomía de anhelar un candidato joven con experiencia.

Parecería que han sido borrados los grandes temas nacionales, regionales o locales, nadie incluye cuestiones tan presentes y tan preocupantes como el agua potable, los basureros, el fracaso del modelo educativo, por no mencionar aquellos vinculados a los derechos humanos en el estado de Oaxaca, las vertientes del escándalo que envolvió al Gobernador de Puebla o el lastre y desencanto de las muertas de Juárez, ajenas a los ojos de cualquier agenda política.

Es muy comprensible el descontento de aquellos ciudadanos que quieren participar en la jornada electoral. Pareciera que el desgaste del esquema de partidos ha llevado al sistema electoral al fracaso, o que quizá para otros, el marco jurídico electoral actual con esta elección demostrará la efectividad de un sistema que quiere, a toda costa, olvidar el pasado de los candidatos, sea cual sea, imponiéndose aquellos que tengan, además de asesores de imagen y mercadotecnia, los mecanismos de control necesarios para obtener una victoria en número y continuar fragmentando a la sociedad civil.