Conmemora Argentina 40 años de último golpe militar

Argentina conmemorará mañana el 40 aniversario del último y más sangriento golpe cívico militar que dejó heridas abiertas en una sociedad que sigue demandando verdad, memoria y justicia.

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A las 03:00 horas del 24 de marzo de 1976, los argentinos escucharon en cadena nacional cómo las Fuerzas Armadas anunciaban que tomaban el poder y, con complicidades civiles y eclesiásticas, derrocaban a María Estela Martínez de Perón de la presidencia.

El golpe de Estado no fue sorpresivo, porque la figura de la viuda del ex presidente Juan Domingo Perón, mejor conocida como “Isabelita”, estaba debilitada políticamente y nadie apostaba a que podría concluir con su gestión, a la cual le faltaba todavía un año.

Las dictaduras tampoco eran algo nuevo para los argentinos porque las venían padeciendo de manera intermitente, pues a partir de 1930 jamás habían logrado vivir dos décadas consecutivas en democracia.

Sólo que, en este caso, la brutalidad que aplicarían el presidente de facto, Jorge Rafael Videla, y los otros dos integrantes de la Junta Militar, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, superó lo inimaginable.

Apenas tomaron el poder, denominaron al golpe como “Proceso de Reorganización Nacional”, suspendieron la Constitución, clausuraron el Congreso, prohibieron cualquier tipo de actividad política e institucionalizaron la censura y la represión.

Los dictadores asumieron con apoyo social por el desastroso resultado de la gestión de “Isabelita” y porque desde principios de los 70 se había intensificado el terrorismo urbano de las guerrillas Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

La guerrilla había sido combatida ilegalmente por la Triple A, el grupo paramilitar que, operado desde la presidencia democrática, puso en marcha una política de terrorismo de Estado que fue superada, con creces, durante la dictadura.

Los militares siempre justificaron la cacería de opositores y luchadores sociales, que mermó a toda una generación de argentinos, con el argumento de que había una guerra interna contra las guerrillas comunistas.

En coordinación con el resto de las dictaduras que asolaron la región y que formaron parte del llamado “Plan Condor”, el gobierno militar aplicó el secuestro indiscriminado, la tortura y la desaparición de personas.

También obligaron al exilio a unos doscientos mil argentinos y se robaron a por lo menos 500 bebés nacidos en los centros clandestinos de detención y que después fueron apropiados por los represores o entregados en adopciones ilegales.

La herencia económica es abrumadora, porque la dictadura marcó el derrumbe del estado de bienestar que había convertido a Argentina en el país más equitativo de América Latina.

En 1978, los dictadores manipularon el Mundial de Futbol y aprovecharon que Argentina era anfitrión y que obtuvo su primer campeonato del mundo para distraer a una sociedad acosada que se dividía entre las víctimas y quienes no querían enterarse de lo que estaba ocurriendo.

La presión de los organismos de derechos humanos aumentó a la par del descrédito del gobierno militar, que lanzó su última apuesta con la Guerra de Malvinas iniciada contra Gran Bretaña el 2 de abril de 1982, como estrategia para permanecer en el poder.

Esta fue la última aventura siniestra de la dictadura, porque Argentina perdió la guerra y poco después, acosado por una huelga general, el presidente de facto Reynaldo Bignone anunció que habría elecciones presidenciales.

La democracia volvía y terminaba así la noche más larga y oscura vivida por la sociedad argentina. (Notimex)