Forense de Pima, última aduana para migrantes

Estampas de santos, fotografía familiares, escapularios, cartas y notas deseándoles suerte, dibujos hechos por sus hijos, pero también amuletos como “colibríes” o juguetes son parte de los objetos que se han encontrado en la ropa y mochilas de más de dos mil 500 migrantes que han sido encontrados desde el año 2000 en el desierto de Arizona, en la frontera con México.

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La Oficina del Condado Pima del Médico Forense, a unas 15 millas de Tucson, es un edificio de una planta, construida de ladrillo naranja, rodeado de mezquites y cactus, que no es la imagen del “american dream”.

Aquí llegan en promedio cada año en la última década entre 150 y 170 cuerpos de migrantes en bolsas de lona blanca. Es para muchos mexicanos y centroamericanos su última aduana en Estados Unidos.

Las 90 millas de desierto y montañas que separan la frontera de Nogales con Tucson, travesía que puede durar de tres a cinco días, es un reto mortal. Mochilas, ropa, carteras, bolsas, zapatos, gorras y otras pertenencias que acompañan cráneos y esqueletos secados por el calor suelen ser la única pieza del rompecabezas forense para identificarlos.

Los más de 40 grados de calor en el desierto prácticamente desintegra los cuerpos, sumado a la rapiña de animales, lo cual dificulta la tarea de médicos forenses, patólogos, antropólogos y equipos multidisciplinarios de sociólogos y geógrafos quienes cuando el ADN no es suficiente recurren a las pertenencias de los migrantes para tratar de encontrar a sus familias en México.

“Puedo recordar de un hombre que tenía la estampa de un santo. Pudimos saber por ello de un pueblo llamado Acandela de la Cruz. También tenía una foto de una niña, que era su hija y así enviamos la fotografía a autoridades de ese pueblo y pudimos ubicar a su familia e identificarlo”, comentó a Notimex Chelsea Halstead, investigadora del Colibrí Center, organización no gubernamental que trabaja dentro del Forense de Pima.

La directora de Colibrí Center, Robin Reineke agrega que “es probable que una tarjeta de oración de la Virgen de Juquila pertenezca a un viajante oaxaqueño, porque es venerada en ese estado mexicano” y lamentó que durante los últimos 10 años, alrededor de 2000 migrantes han muerto cruzando el desierto de Arizona por la militarización y política de vigilancia fronteriza de Estados Unidos.

Explicó que Colibrí Center lleva ese nombre porque el verano del 2009, un colibrí fue encontrado en el bolsillo de un inmigrante que murió cruzando la frontera. Sus restos nunca fueron identificados. Para muchas culturas indígenas en México el pequeño pájaro simboliza la suerte y un mensajero entre el mundo de los vivos y los muertos.

De esos dos mil 500 restos, se han identificado dos terceras partes, es decir alrededor de mil 600. De acuerdo a una investigación de la Universidad de Arizona y el Forense de Pima, el 82 por ciento de esos cuerpos son de hombres mexicanos con una edad promedio de 30 años, provenientes de estados del centro y sur del país. El 37 por ciento tenían entre 20 y 29 años y el 13 por ciento era menores de entre 10 y jóvenes de entre 10 y 19 años.

La abogada y activista pro migrante Isabel García apuntó: “hay muchos que todavía utilizan coyotes para cruzar la frontera. Muchos lo logran, otros los arrestan y encarcelan, pero también un porcentaje importante han perdido la vida”.

“Y entre más se extiende la barda y todo el aparato de militarización, menos vamos a poder descubrir la gente que ha muerto, porque aquí en este clima se puede deshacer un cuerpo en promedio de dos semanas”, indicó.

Chelsea Halstead hace un recuento de las pertenencias de los más de dos mil 500 migrantes encontrados muertos en el desierto: “ellos traen cosas de esperanza, cosas religiosas, algunas notas de sus familias, fotos, comida y es triste porque en los Estados Unidos algunos piensan que están llevando cosas peligrosas, pero realmente no es la verdad”.

El informe de la Universidad de Arizona señala que las muertes en esta frontera no han disminuido a pesar de la baja global de la migración no autorizada en la amplia frontera entre México y Estados Unidos.

Asimismo revela que la "tasa de mortalidad", es decir el número de muertes por cada 100 mil aprehensiones de la Patrulla Fronteriza de los migrantes ilegales o sin documentos, ha aumentado de manera exponencial en el sector de Tucson de la Patrulla Fronteriza desde principios de la década de 2000.

El informe, titulado "Una continua crisis humanitaria en la frontera: Indocumentados en la Frontera Registrados por la Oficina del Condado Pima del Médico Forense, 1990-2012", incluye datos de más de dos mil 200 cadáveres. La cifra para los años 2013 y 2014 incrementó a más de dos mil 500 el número de migrantes encontrados en el desierto de Arizona.

El Cónsul de México en Tucson, Ricardo Pineda Albarrán reconoció que la situación para los migrantes que cruzan por la frontera de Arizona es muy peligrosa, no sólo por el alto número de agentes de la Border Patrol en esta zona, con más de cinco mil elementos, sino por el riesgo de morir en el desierto y montañas.

“La distancia entre la frontera de México con Tucson son alrededor de 90 millas. Pero es desierto, montañas, no hay pueblos. Es un trayecto que puede durar de tres a cinco días caminando y eso no le coyotes y traficantes a los migrantes”, apuntó el funcionario mexicano.

La Universidad de Arizona añade en el estudio que el número de mujeres migrantes examinados por el Forense de Pima aumentó del 13 por ciento de todas las muertes entre 1990-1999 a 23 por ciento del 2000 al 2005. Luego se estabilizó en un 16 por ciento en el período de tiempo que abarca 2006 al 2012.

Otras organizaciones como Missing Migrant Proyect trabajan como una especie de red de localización de migrantes, no sólo en los forenses y en los centros de detención o cárceles, sino también en conjunto otros grupos de apoyo.

Cristen Vernon, de Missing Migrant Proyect, comentó al respecto “a nosotros nos llega una llamado y el familiar nos dice mi hermano se perdió hace tres días cerca de Nogales y nosotros llamamos a “No más muertes” y ellos determinan si pueden hacer la búsqueda o no. Usan esa información que recibimos y siempre están en el desierto dejando agua y buscan a la gente”.

Todos los días estas organizaciones no gubernamentales reciben decenas de llamadas de familiares de mexicanos y centroamericanos desaparecidos en el desierto de Arizona.

En el 70 por ciento de los casos son ubicados en centros de detención migratoria y cárceles. El 30 por ciento restante son parte de la estadística que aún se encuentran extraviados en las montañas desérticas o esperan ser identificados en el Forense de Pima. La última aduana para muchos migrantes. (Notimex)