Presión contra Amazonas se agudiza en Brasil por intereses económicos

La presión contra el mayor bosque tropical del planeta se intensificó en los últimos años en Brasil, el gigante amazónico donde la destrucción medioambiental por intereses agrícolas y madereros privados también generó un aumento en los conflictos por la tierra.

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“Hemos vuelto a la agenda de la década de 1990”, resume a Notimex el profesor José Heder Benatti, director del Instituto de Ciencias Jurídicas de la Universidad Federal de Pará (UFPA) y experto en conflictos por la tierra y el medio ambiente.

“Hoy el Amazonas no es un lugar periférico, sino es el centro de la producción de energía, de la producción mineral. Es el centro económico de América del Sur”, explicó el académico, al responder por qué la deforestación aumentó, así como los conflictos vinculados a la tierra.

Grupos ecologistas y de la sociedad civil acusan al gobierno del presidente Michel Temer de aliarse con los lobbies agroindustriales para acometer una reducción masiva de las áreas de protección de la selva, con el objetivo de expandir las actividades económicas.

Hace dos semanas, el Ejecutivo aprobó un decreto que eliminaba las restricciones a la minería en la Reserva Nacional del Cobre y Asociados (Renca), de un tamaño de 46 mil kilómetros cuadrados, una extensión superior al estado mexicano de Quintana Roo.

La decisión provocó el rechazo de organizaciones ecologistas brasileñas e internacionales, así como de algunos sectores de la Iglesia Católica en América del Sur, y de la propia modelo brasileña Gisele Bündchen, que en los últimos años mostró su rechazo al impacto humano en el Amazonas.

Días después, el gobierno dio marcha atrás, y este martes 5 de septiembre, en coincidencia con el Día del Amazonas en Brasil, el Ejecutivo paralizó definitivamente el decreto que abría esta extensa reserva amazónica a la exploración de los recursos naturales.

A pesar de los esfuerzos por reducir la deforestación en comparación con la década de los 90, cuando las áreas arrasadas del Amazonas llegaron a sumar en un año 23 mil kilómetros cuadrados, Brasil no se ha comprometido aún a erradicar la deforestación ilegal.

El año pasado, el área deforestada en Brasil aumentó un 29 por ciento, hasta los ocho mil kilómetros cuadrados, aunque datos preliminares indican que en 2017 esa tendencia fue ralentizada.

La mayor selva tropical del planeta, que ocupa más del 50 por ciento del territorio brasileño, ha sufrido en los últimos 30 años los efectos de la tala acelerada y corte raso, que va sucedida muchas veces por la quema de los remanentes del bosque, para abrir áreas de pasto para el ganado bovino o la producción agrícola.

Esta dinámica constante amenaza seriamente al Amazonas, que ya perdió el 19 por ciento de todo el bioma, el equivalente a 750 mil kilómetros cuadrados (más de un tercio del territorio de México) en las últimas décadas.

Asimismo, esta situación exacerba los conflictos entre grupos con intereses económicos opuestos, por ejemplo las poblaciones recolectoras y los indígenas –que viven de los recursos que da el bosque en pie-, y los grandes productores de materias primas agrícolas, como la soja.

“La deforestación es hoy un proceso de apropiación de tierras”, señaló por su parte el profesor Girolamo Treccani, también profesor en la UFPA y experto en cuestiones vinculadas con los derechos humanos y el derecho agrario en el Amazonas.

“El Amazonas es hoy escenario de un caos sobre la propiedad de la tierra. Pero el Congreso brasileño no tiene ningún interés por legislar para reducir los conflictos, pues está dominado por parlamentarios que representan al agronegocio”, aseveró.

La lucha por dominar la nueva frontera agrícola en Brasil es también objeto de conflictos entre pequeños campesinos sin tierra y grandes terratenientes.

Este año se registraron medio centenar de muertes vinculadas a esa problemática, la mayoría en estados amazónicos, según datos de la Comisión Pastoral de la Tierra, institución vinculada a la Iglesia católica brasileña.

Fuente: Notimex