Retrasan trámites de ayuda en Haití

Marie Louise Roy, de origen francés nacionalizada mexicana, se queja: "quisiera poder convertir las piedras en panes para ayudar a la gente". En el patio de su casa aún viven a 150 damnificados haitianos del terremoto.

Ahora les he tenido que racionar la comida, tenía 300 gentes durmiendo y comiendo aquí en el patio, la mitad se ha ido porque no alcanza la comida", lamenta.

Roy llegó hace dos meses a la ciudad para atender a su hermano quien sufrió un accidente en un vehículo y quedó cuadripléjico, además de convivir con su padre y una tía durante las fiestas de fin de año, pero el sismo la sorprendió como a todos Haití.

La casa de su padre, dividida en cuatro construcciones y un amplio patio, sufrió daños menores en la zona de Petion-Ville, hasta ahí al caer la noche la gente llegó buscando refugio.

"Todo ha sido circunstancial, la tarde-noche del terremoto (12 de enero, de siete grados en la escala de Richter) todo era espantoso, un caos, de repente escuchamos que empujaban el portón; y bueno uno piensa todo, pero no la gente que busca un lugar donde refugiarse.

"Entonces los deje pasar al patio, eran 300 gentes, niños, mujeres y hombres; como Dios les dio entender se acomodaron; ya conforme han pasado los días sacamos toda la comida que había en el almacén, ya se acabó, esta vacío.

"Mi hijo Piére Gómez Roy lleva a cabo una colecta de víveres y consiguió con el Tecnológico de Monterrey enviarnos en el buque Papaloapan 11 toneladas y media de ayuda, que no nos han podido entregar por todos los trámites, una burocracia interminable en medio de la desgracia. Increíble", cuestiona.

La comida se raciona, explica, ha sido difícil cuando uno sabe que hay 11 toneladas y media de ayuda humanitaria que envió el Tecnológico de Monterrey, México, en el buque el Papaloapan que atracó en aguas de Puerto Príncipe, Haití el pasado 27 de enero.

"No, de nada sirve, ahí está la ayuda, fuimos con un camión para recibirla, pero hay que hacer muchos trámites, y bueno la Marina mexicana se han portado bien al traer la ayuda en el buque, pero no depende de ellos.

"El gobierno de Haití ofreció una bodega para trasladar la ayuda a tierra y hasta ahora no nos han entregado nada, ya tenemos el camión listo para descargar. Ahora sobrevivimos con lo poco que podemos comprar y pellizcar de ahí de allá, como sea", comenta.

Roy nació en Francia, de joven vivió en Haití, tras casarse con un mexicano radica en Morelos, México, donde obtuvo la nacionalidad hace más de 25 años.

El 27 de enero pasado el buque mexicano Papaloapan atracó frente a las costas de Puerto Príncipe, un día después se inició la descarga de mil 720 toneladas que trajo en sus entrañas en un muelle de la empresa cementera Cima Nacional a 15 kilómetros al norte de Puerto Príncipe.

Pero un día después se suspendió la descarga del buque Papaloapan, que debió salir del muelle para dar paso al arribo de una embarcación estadounidense.

"Ya no sabemos qué hacer para conseguir comida, aquí poco a poco el movimiento día a día de la gente empieza medio a caminar, la destrucción es mucha, pero las necesidades las rebasan.

"Por ahora los he organizado en familias para el aseo, preparar y distribuir la comida y racionar dos cubetas de agua a cada una. El agua la obtenemos de un vecino que tiene una planta de energía y nos hace llegar agua una vez al día", comenta.

Roy consiguió cobertores, algunas colchonetas y casas de campaña para hacer menos dura la estancia al aire libre de los haitianos por las noches.

"Ahora sí, yo no era voluntaria, pero los hechos me convirtieron en eso. Aquí tratando de convertir las piedras en panes", dice y sonríe. Roy es maestra de idiomas y domina el criollo -lengua haitiana- por ello ha colocado un letrero en varios puntos del patio.

"Tanpré -Pa-pisé pa kaka, pajeté fatra nan lakoua- Mesi-Pastre ou kon prana. No orinen ni hagan popo, no tiren basura dentro del patio".

"Cada grupo tiene su cubeta para depositar la basura, es para evitar que esto sea un foco de infección, es un riesgo real si se salvaron del sismo, las infecciones son letales aquí donde no hay comida ni medicamentos", advierte.