Se define presidencia de Argentina entre dos amigos empresarios

La presidencia de Argentina se definirá el próximo domingo entre dos empresarios, Daniel Scioli y Mauricio Macri, que un día decidieron meterse en política y que en pocos años se consolidaron como figuras emergentes y sustitutas de añejos y desgastados liderazgos.

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Hace sólo dos décadas, ambos disfrutaban las festivas noches de Buenos Aires y eran perseguidos por los paparazi, Scioli como exitoso deportista motonáutico, y Macri como el acaudalado heredero de una de las empresas contratistas del Estado más importantes de Argentina.

En el verano de 1996, Scioli le contó a su amigo Macri que quería dedicarse a la política, decisión que el millonario empresario y presidente de Boca Juniors celebró porque consideró que el país necesitaba “sangre nueva”.

Casi 20 años después, los dos son los candidatos presidenciales que el domingo se enfrentarán en las urnas con la ilusión de convertirse en los sucesores de Cristina Fernández de Kirchner.

Los dos tienen objetivos diferentes, ya que Scioli, quien fue elegido por la presidenta como candidato del gobernante Frente para la Victoria, avanza a contra corriente de las encuestas que vaticinan su derrota porque su tope es el 45 por ciento de los votos.

Macri, candidato de la alianza Cambiemos, confía en que se cumplirán los sondeos que anticipan su victoria con más del 50 por ciento de los votos.

Ambos nacieron en Buenos Aires, apenas con dos años de diferencia, uno en 1957 y el otro en 1959, y sus padres fueron amigos, amistad que hoy comparten sus mujeres, Karina Rabolini y Juliana Awada, bellas y exitosas empresarias de moda y asiduas protagonistas de eventos sociales.

La tragedia también une a las familias sobre las que pesa el fantasma de los secuestros sufridos por el hermano menor de Scioli en 1975, de Macri en 1991, y de su hermana Florencia, en 2003.

Scioli puede presumir que fue admirado y apoyado siempre por su padre, y una relación de tres décadas y altibajos con Rabolini, con quien no tuvo hijos, aunque la justicia lo obligó a reconocer a una hija extra matrimonial a la que se acercó cuando ella tenía 16 años y que ya lo convirtió en abuelo.

Macri, en cambio, todavía hoy arrastra las continuas y públicas críticas y descalificaciones de su padre, y después de dos divorcios y tres hijos, en 2010 se casó con Awada, con quien tuvo a su cuarta hija.

Los candidatos admiran a Carlos Menem, el ex presidente que impulsó el lanzamiento de sus carreras políticas en la década neoliberal de los años 90, aunque Scioli decidió respaldarse después en el kirchnerismo y Macri optó por construir su propio partido.

No son intelectuales ni grandes oradores, reconocen que no tienen gustos sofisticados, pero sí hablan varios idiomas, comparten la pasión por el futbol, las vacaciones a Miami y Europa y la farándula, y confían y utilizan las consultoras privadas y asesores de imagen que tanto denostan los kirchneristas.

Desde el oficialismo definen a Macri como frívolo y superficial, igual que a Scioli, a quien apoyan sólo por órdenes de la presidenta pese a la desconfianza que hubo siempre en su contra porque nunca abrazó con fervor las causas épicas del gobierno.

Siempre se consultaron sus pasos políticos y en 2013 estuvieron a punto de armar una alianza formal contra el kirchnerismo, pero se frustró y dos años después terminaron como candidatos rivales en unas elecciones que no lograron definirse el pasado 25 de octubre.

Ese día Scioli aspiraba a ganar en primera vuelta, pero apenas si obtuvo el 37 por ciento de los votos frente al 34 por ciento de Macri, lo que alargó una campaña que fue subiendo de tono con denuncias mutuas que quebraron una amistad que enfrentará su máxima prueba el próximo domingo.(Notimex)